LOS PERVERTIDOS EMPERADORES ROMANOS.
La historia nos informa sobre los más corruptos emperadores del imperio romano, entre los cuales está Calígula apodado “la bestia” de quien se dice era un psicópata, megalómano, sádico, bisexual y enormemente promiscuo, que asesinaba a cualquiera que considerase un peligro contra su poder.
Tenemos al famoso Nerón, quien también asesinó a cuantos se le oponían, o sospechase de ellos, también vivió para satisfacer sus deseos y placeres carnales acostándose tanto con hombres como con mujeres por igual, dicen que aún lo hizo con su propia madre.
También contamos a Caracalla, quien destacó por su sadismo y perversidad, ordenando el asesinato de su propio hermano por sospechar una conspiración en su contra.
Heliogábalo fue otro, a quien le gustaba vestirse de mujer e incluso pagó a un médico para que lo convirtiese en una de verdad; acostumbraba acostarse con los hombres a quienes recibía desnudo. Durante su gobierno Roma experimentó la peor anarquía social y crisis económica.
Otro en la lista es Tiberio, quien se retiró a la isla de Capri para llevar una vida relajada mientras dejaba a Sejano en Roma, y se dedicó a una vida ignominiosa que el historiador Suetonio describe como de completa perversión sexual, con prácticas de sadomasoquismo, vouyerismo y pedofilia.
Tácito dice que este emperador sufrió una degradación de su psiquis.
Finalmente tenemos a Diocleciano, famoso por ser el mayor perseguidor de la iglesia cristiana, quemando sus iglesias, asesinándolos y lanzándolos a los leones en el coliseo romano, en una etapa que la historia titula como “la gran persecución de la iglesia”.
La lista es larga, pero por espacio nos detendremos aquí. Conocer la historia nos permite entender como una sociedad se deteriora y envilece cuando sus gobernantes tienen una psiquis distorsionada, y son dominados por la depravación y el vicio.
En todo el mundo se han levantado gobernantes corruptos y pervertidos rodeados por personas de igual calaña con quienes han compartido el poder.
No permitamos que se promuevan estos males imponiendo leyes que destruyen la moral y pervierten a nuestros hijos.
Mantengámonos vigilantes por el bien de nuestros hijos.
William Sánchez Aveiga